| Ayer domingo, después del servicio quedo muy grabado en mi mente la historia de Jonás y como a pesar de haber estado en desesperación, el encontró socorro para su situación desesperante.
Una de las verdades más grandes que Jonás revela es que la salvación es por la gracia del Señor. Lo consiguió en las profundidades del gran pez y en las profundidades de la prueba más grande que jamás le haya tenido. Podemos ver nosotros que, en la hora de nuestras mayores pruebas, las verdades se hacen reales para nosotros. Esta gran verdad no solo revela que la salvación es del Señor, sino que todas las provisiones de salvación son del Señor. El Señor obra nuestra salvación con la agencia del Espíritu Santo y nuestra decisión de aceptar al Señor como Salvador y Señor de nuestras vidas. La gracia que nos ha sido dada abre la puerta para nuestra nueva vida en Cristo y es la que nos sustenta todo el resto de nuestra vida si le somos fieles al Señor. Así que la salvación comienza con la preparación de la gracia preveniente, la asistencia del Espíritu Santo convenciéndonos de nuestra condición delante de Dios, y nos lleva al arrepentimiento y poner nuestra fe en el único que nos puede salvar de nuestros pecados, o sea nuestro Señor Jesucristo. Él es el Autor y Consumador de nuestra fe (Hebreos 12:2). En la dependencia de la gracia de Dios, encontramos sostén y fortaleza para nuestras cargas. La gente religiosa a menudo invita a los no creyentes a convertirse, llamándolos a que adopten una nueva serie de conductas y nuevas prácticas rituales, y al mismo tiempo a que redoblen sus esfuerzos para vivir una vida virtuosa. Eso, sin embargo, es imponer más cargas a las personas. Los fariseos hicieron precisamente eso, impusieron «cargas pesadas y difíciles de llevar» sobre las personas (Mt 23:4), y por eso recibían amonestaciones fuertes de parte de nuestro Señor. Las demás religiones ponen sobre las personas la carga de asegurar su propia salvación, pero nosotros diferenciamos de ellos, porque creemos que Dios ofrece una salvación y gracia inmerecida a través de Su Hijo (Isaías 46:1-4). Cuando el evangelio nos lleva a una vida transformada, los cambios suceden internamente e inmediatamente y luego el crecimiento sucede progresivamente hacia la madurez cristiana. No hay que dudar que la disposición para servir a Dios surge automáticamente, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. Continuaremos descubriendo las verdades bíblicas y los momentos transformantes en la vida de Jonás mientras el sigue encontrándose con Dios momento a momento. ¿Cómo cuenta usted sus momentos con Dios, sus momentos transformadores? Como ha descubierto usted su madurez espiritual en la gracia? Cuentenos por favor. |

Leave a Reply