La Iglesia del Nazareno
La iglesia del Nazareno se compone de aquellas personas que voluntariamente se han asociado de acuerdo con las doctrinas y gobierno de dicha iglesia, y que buscan la santa comunión cristiana, la conversión de los pecadores, la entera santificación de los creyentes, su edificación en la santidad y la simplicidad y poder espiritual manifestados en la iglesia primitiva del Nuevo Testamento, junto con la predicación del evangelio a toda criatura.
¿Cuáles son los deberes de los miembros?
- Amar a Dios con todo el corazón, alma, mente y fuerza y al prójimo como a si mismo – Éxodo 20:3-6; Levítico 19:17-18; Deuteronomio 57-10; 6:4-5; Marcos 12:28-31; Romanos 13:8-10.
- Llamar la atención de los inconversos a las demandas del evangelio, invitarlos a la casa del Señor y procurar que reciban salvación – Mateo 28:19-20; Hechos 1:8; Romanos 1:14-16; 2 Corintios 5:18-20.
- Ser corteses con todas las personas – Efesios 4:32; Tito 3:2; 1 Pedro 2:17; 1 Juan 3:18.
- Ser de ayuda a los que son también de la fe, apoyándose el uno al otro en amor – Romanos 12:13; Gálatas 6:2, 10; Colosenses 3:12-14.
- Trata de hacer bien a los cuerpos y las almas de los hombres, dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y presos, y ministrar a los necesitados, según la oportunidad y la capacidad que les sean dadas – Mateo 25:35-36; 2 Corintios 9:8-10; Gálatas 2:10; Santiago 2:15-16; 1 Juan 3:17-18.
- Contribuir al sostenimiento del ministerio, la iglesia y su obra con diezmos y ofrendas – Malaquías 3:10; Lucas 6:38; 1 Corintios 9:14; 16:2; 2 Corintios 9:6-10; Filipenses 4:15-19.
- Asistir fielmente a todas las ordenanzas de Dios y los medios de gracia, incluyendo el culto público a Dios – Hebreos 10:25, la ministración de la Palabra – Hechos 2:42, el sacramento de la santa cena – 1 Corintios 11:23-30; el escudriñamiento de las Escrituras y la meditación en ellas – Hechos 17:11; 2 Timoteo 2:15; 3:14-16; los devocionales familiares – Deuteronomio 6:6-7; Mateo 6:6.
- Amar, respetar, obedecer y someterse a todas las autoridades (Romanos 13:1-7; 1 Samuel 24:9-11; 1 Tesalonicenses 5:12-13; Hebreos 13:17.
Valores de la Iglesia
1. Somos un Pueblo Cristiano
Como miembros de la iglesia universal, nos unimos a los verdaderos creyentes en la proclamación del señorío de Jesucristo y en los credos trinitarios históricos de la fe cristiana. Apreciamos nuestra herencia wesleyana de santidad y la consideramos la manera de comprender la fe verdadera de acuerdo con la Escritura, la razón, la tradición y la experiencia.
Nos unimos a todos los creyentes en la proclamación del señorío de Jesucristo. Creemos que, en el amor divino, Dios ofrece a todas las personas el perdón de los pecados y la reconciliación. Al ser reconciliados con Dios, somos reconciliados unos con otros, amándonos unos a otros como Dios nos ha amado, perdonándonos unos a otros como hemos sido perdonados por Dios. Creemos que nuestra vida en comunidad muestra el carácter de Cristo. Consideramos la Escritura como la fuente principal
de la verdad espiritual confi rmada por la razón, la tradición y la experiencia.
Con todo el pueblo de Dios, confesamos y alabamos a
Jesucristo el Señor. Jesucristo es el Señor de la iglesia, que, como el Credo de los Apóstoles dice, es una iglesia santa,
universal y apostólica. En Jesucristo y a través del Espíritu Santo, Dios el Padre ofrece el perdón de pecados y la reconciliación a todo el mundo. Quienes responden a la oferta de Dios en fe vienen a ser el pueblo de Dios. Habiendo sido perdonados y reconciliados en Cristo, perdonamos y somos reconciliados unos con otros. De esta manera somos la iglesia y el Cuerpo de Cristo y revelamos
la unidad de ese Cuerpo.
Como el Cuerpo de Cristo tenemos “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo”. Afi rmamos la unidad de la iglesia de Cristo y nos esforzamos por todos los medios para
preservarla (Efesios 4:3-5).
2. Somos un Pueblo de Santidad
Dios, quien es santo, nos llama a una vida de santidad. Creemos que el Espíritu Santo desea
efectuar en nosotros una segunda obra de gracia, conocida con varios términos incluyendo “entera santifi cación” y “bautismo con el Espíritu Santo” —limpiándonos de todo pecado; renovándonos a la imagen de Dios; dándonos el poder para amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos; y produciendo en nosotros el carácter de Cristo. La
santidad en la vida de los creyentes se entiende más claramente como semejanza a Cristo.
La obra del Espíritu Santo nos restaura a la imagen de Dios y produce en nosotros el carácter de Cristo.
Se nos exhorta en las Escrituras y somos atraídos por gracia para adorar y amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Para este fin nos consagramos plena y completamente a Dios, creyendo que podemos ser “enteramente santificados”, como una segunda crisis en la experiencia espiritual.
Creemos que el Espíritu Santo nos convence, limpia, llena y da poder a medida que la gracia de Dios nos transforma día tras día en un pueblo de amor, de disciplina espiritual, pureza ética, rectitud moral, compasión y justicia. La obra del Espíritu Santo nos restaura a la imagen de Dios y produce en nosotros el carácter de Cristo.
La santidad en la vida de los creyentes se entiende más claramente como semejanza a Cristo.
Creemos en Dios el Padre, el Creador, que da vida a lo que no existe. En otro tiempo no éramos, pero Dios nos llamó a ser, nos hizo para sí mismo, y nos formó a su propia imagen.
Hemos sido comisionados para llevar la imagen de Dios: “Yo soy Jehová, vuestro Dios. Vosotros por tanto os
santifi caréis y seréis santos, porque yo soy santo” (Levítico 11:44a).
3. Somos un Pueblo Misional
Somos un “pueblo enviado” que responde al llamado de Cristo y es capacitado por el Espíritu Santo para ir al mundo, a testifi car del señorío de Cristo y participar con Dios en la edifi cación de la iglesia y la extensión de su reino (2 Corintios 6:1).
Nuestra misión
(a) principia en la adoración,
(b) ministra
al mundo en el evangelismo y la compasión,
(c) anima a los creyentes a la madurez cristiana a través
del discipulado, y
(d) prepara a mujeres y hombres para el servicio cristiano a través de la educación cristiana superior.
A. Nuestra misión de adoración
La misión de la iglesia en el mundo comienza en la adoración. A medida que nos reunimos delante de
Dios en adoración —cantando, escuchando la lectura pública de la Biblia, dando nuestros diezmos y
ofrendas, orando, escuchando la Palabra predicada, bautizando y participando en la Santa Cena—,
sabemos más claramente lo que signifi ca ser el pueblo de Dios. Nuestra convicción de que la obra de Dios en el mundo se logra principalmente a través de congregaciones que adoran, nos lleva a entender que nuestra misión incluye recibir nuevos miembros en el compañerismo de la iglesia, y a la organización de nuevas congregaciones que adoren.
La adoración es la expresión más alta de nuestro amor a Dios.
La adoración es la expresión más alta de nuestro amor a Dios. Es una adoración centrada en Dios que honra a Aquél que en su gracia y misericordia nos redime. El contexto primario de la adoración es la iglesia local donde el pueblo de Dios se reúne, no en una experiencia centrada en sí misma o para la autoglorificación, sino como entrega y ofrecimiento propio. La adoración es la iglesia en servicio de
amor y obediencia a Dios.
B. Nuestra misión de compasión y evangelismo
Como pueblo consagrado a Dios, compartimos su amor por los perdidos y su compasión por los pobres y afl igidos. El Gran Mandamiento (Mateo 22:36-40) y la Gran Comisión (Mateo 28:19-20) nos impulsan a enfrentarnos al mundo con evangelismo, compasión y justicia. Para este fi n, nos hemos comprometido a invitar a la fe a todo ser humano, a cuidar de los necesitados, a oponernos a la injusticia y apoyar al oprimido, a proteger y preservar los recursos de la creación de Dios, e incluir en nuestro compañerismo a todo aquel que invoque el nombre del Señor.
A través de esta misión en el mundo, la iglesia demuestra el amor de Dios. La historia de la Biblia
es la historia de Dios reconciliando al mundo consigo mismo, fi nalmente a través de Cristo Jesús (2
Corintios 5:16-21). La iglesia es enviada al mundo para participar con Dios en este ministerio de amor y reconciliación por medio del evangelismo, la compasión y la justicia.
C. Nuestra misión de discipulado
Nos hemos comprometido a ser —e invitamos a otros a convertirse en— discípulos de Jesús. Con esto en mente, nos comprometemos a proveer los medios (escuela dominical, estudios bíblicos, pequeños grupos de mutua responsabilidad, etc.), a través de los cuales se anima a los creyentes a crecer en su comprensión de la fe cristiana y en su relación unos con otros y para con Dios. Entendemos que
el discipulado incluye que nos sometamos a obedecer a Dios y a las disciplinas de la fe.
Creemos que debemos ayudarnos unos a otros para practicar la vida de santidad a través del compañerismo
cristiano, el sostenimiento y la mutua responsabilidad de amor. Wesley dijo: “Dios nos ha unido los unos con los otros para fortalecer nuestras manos”.
El discipulado es el medio a través del cual el Espíritu Santo
nos lleva gradualmente a la madurez en Cristo.
El discipulado cristiano es un estilo de vida. Es el proceso de aprender cómo quiere Dios que vivamos
en el mundo.
A medida que aprendemos a vivir en obediencia a la Palabra de Dios, en sumisión a las disciplinas de la fe, y en mutua responsabilidad unos para con otros, principiamos a entender el verdadero gozo de la vida disciplinada y el signifi cado cristiano de la libertad.
C O N T O D O E L PUEBLO DE DIOS C O N F E S A M O S
Y A L A B A M O S A J E S U C R I S T O E L S E Ñ O R
Creencias
¿Qué creen los Nazarenos?
- Creemos en un solo Dios – el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. O sea, creemos en la Trinidad.
- Creemos que las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamentos dadas por inspiración plenaria, contienen toda la verdad necesaria para nuestra salvación. O sea, ellas no contienen ningún error. O sea, ellas contienen las normas cristianas y autoridad para nuestra vida cristiana.
- Creemos que el ser humano nace con una naturaleza caída y por tanto, esta inclinada al mal y esto es de continuo. O sea, el ser humano ha nacido con el pecado original que es la fuente por la cual toda persona es inclinada a cometer pecados.
- Creemos que los que permanecen impenitentes hasta el fin, están perdidos eternamente y sin esperanza. O sea, toda persona que rechaza a Cristo y su sacrificio redentor no entrara al cielo.
- Creemos que la expiación por medio de Jesucristo es para toda la raza humana y que todo aquel que se arrepiente y cree en el Señor Jesucristo es justificado, regenerado, y adoptado. O sea, el sacrificio de Cristo incluye a todo genero de la raza humana. Y que es solamente poniendo la fe en Cristo que una persona es salva, o sea, regenerada, justificada y adoptada.
- Creemos que los creyentes han de ser enteramente santificados. O sea, esta obra de la entera santificación le sigue a la regeneración. Ambas obras son de gracia y obradas por el Espíritu Santo.
- Creemos que el Espíritu Santo da testimonio del nuevo nacimiento y también de la entera santificación de los creyentes. O sea, el Espíritu Santo trabaja en las vidas de las personas obrando desde la gracia preveniente hasta ser enteramente santificados.
- Creemos que nuestro Señor volverá, que los muertos resucitaran y que se llevara a cabo el juicio final. O sea, creemos en la segunda venida de Cristo y después de esto el juicio final.
ARTICULOS DE FE
Artículos de Fe
Que cosas se deben evitar?
Tomar el nombre de Dios en vano – Éxodo 20:7; Levítico 19:12; Santiago 5:12.
Profanar el Dia del Señor al participar en actividades seculares innecesarias, dedicándose, por lo tanto, a prácticas que nieguen su santidad – Éxodo 20:8-11; Isaías 58:13-14; Marcos 2:27-28; Hechos 20:7; Apocalipsis 1:10.
Inmoralidad sexual, como relaciones premaritales o extramaritales, perversión en cualquier forma, o licencia excesiva y conducta impropia – Éxodo 20:14; Mateo 5:27-32; 1 Corintios 6:9-11; Gálatas 5:19; 1 Tesalonicenses 4:3-7.
Hábitos o practicas que se sabe son nocivos al bienestar físico y mental. Los cristianos deben considerarse templos del Espíritu Santo – Proverbios 20:1; 23:1-3; 1 Corintios 6:17-20; 2 Corintios 7:1; Efesios 5:18.
Reñir, devolver mal por mal, chismear, calumniar, diseminar conjeturas injuriosas al buen nombre de otros – 2 Corintios 12:20; Gálatas 5:15; Efesios 4:30-32; Santiago 3:5-18; 1 Pedro 3:9-10.
Defraudar, tomar ventaja al comprar y vender, dar falso testimonio, y semejanzas obras de las tinieblas – Levítico 19:10-11; Romanos 12:17; 1 Corintios 6:7-10.
Dejarse dominar por el orgullo en el vestir o en la conducta. Nuestra feligresía debe vestirse con la sencillez y modestia cristianas que convienen a la santidad – Proverbios 29:23; 1 Timoteo 2:8-10; Santiago 4:6; 1 Pedro 3:3-4; 1 Juan 2:15-16.
Música, literatura, y diversiones que deshonran a Dios – 1 Corintios 10:31; 2 Corintios 6:14-17; Santiago 4:4.
