El domingo pasado compartí la Palabra de Dios acerca de la Mayordomía Cristiana y es interesante notar como la congregación permanecía cayada. No se oía un aleluya, ni gloria a Dios, ni un amen. Sin embargo, cuando cambie la atmosfera a un modo más relajado, de entretenimiento la gente despertó como si hubiera estado en un éxtasis. Temas como estos se enfatizan una vez por ano dentro de la Iglesia del Nazareno. Aunque algunos prefieren no predicar sobre este tema porque es muy delicado para muchos.
Me encontré con un artículo que de veras abre nuestros ojos para ver la realidad y como esta nuestra jornada espiritual. Esta poesía va así: Llegaste desnudo, te iras desnudo; Llegaste débil, te iras débiles; Llegaste sin bienes ni dinero; También te iras sin bienes ni dinero; En tu primer baño, alguien te lavo. En tu ultimo baño, alguien te lavara. Así es la vida.
¿Entonces porque tanta malicia? ¿Por qué tanta envidia? ¿Por qué tanto odio? ¿Por qué tanto resentimiento? ¿Por qué tanto egoísmo? Se bueno con todos, haz cosas buenas. Tenemos un tiempo limitado en la tierra. No lo desperdicies en cosas que no valen la pena.
Primero, con esto aprendí a tomar en cuenta cuán importante es ser generoso, valorar el tiempo, y enfocarme en las relaciones esenciales de la vida. Y si por alguna razón, nuestras relaciones y amistades se quiebran, debemos componerlas y no echarlas al olvido. Considere lo que dice la Palabra: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilio consigo mismo por Cristo y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación” (2 Corintios 5:18-19).
Segundo, somos de Cristo porque Él nos compró con su sangre. Cuando el hombre pecó, se alejó de Dios sin embargo la gracia de Dios siempre ha estado a su alcance. Si se acercan nuevamente a Dios, El se acerca a nosotros si lo buscamos en completo arrepentimiento y nos convertimos a Él, somos transformados y hechos nuevas criaturas y parte de la familia de Dios. “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1ª Corintios 6:20).
En muchas iglesias se predica una sola parte de la salvación que corresponde al nuevo nacimiento, sin embargo, dejan a un lado la importancia de darle el todo a Cristo en completa consagración y permitir que El sea nuestro Señor de nuestras vidas y de todo lo que El ha puesto a nuestra disposición. La pregunta que nos hacemos cuando la salvación no es vista en su totalidad, es la siguiente: ¿Cómo Dios nos puede bendecir en nuestra vida total sino estamos listos para someternos y sujetarnos a su Señorío? Podemos decir que la salvación nos conecta con Cristo por el arrepentimiento de nuestros pecados y que la consagración total nos da la seguridad y certeza de que Cristo reina y gobierna en nuestro corazón como el Señor de nuestras vidas. Entonces, cuando reconocemos ambos aspectos operados en nuestras vidas la mayordomía cristiana comienza a hacer sentido en nuestras vidas. Ahora hacemos las cosas no porque es una obligacion sino porque es un deleite servir a nuestro Salvador y Señor Jesucristo.

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