Wesley creía fervientemente que la gracia de Dios sobrepasaba toda reseña de pecado y por lo cual esto lo movió a buscar y enfatizar una obra de gracia de salvación y santificación. La salvación como solución a los pecados cometidos que necesitan ser confesados y perdonados y la obra de santificación que viene después de la obra de regeneración y que mueve a los cristianos a ser más como Cristo, a madurar y a seguir creciendo en la gracia. Wesley utilizo una estrategia de grupos pequeños para el crecimiento, dar cuentas y equipar lideres.
En sus grupos se reunían para darse apoyo y aliento mientras vivían la experiencia cristiana. Ellos crecían juntos, se cuidaban el uno al otro como muestra del amor perfecto y el de amar a sus prójimos como a si mismo, como lo enseno Jesus.
Wesley enseñó que la gracia de Dios nos moldea a lo largo de nuestra vida. El enseno que la gracia de Dios está en todo lugar, que no hay un rincón en este mundo donde la gracia de Dios no esté presente. La gracia preveniente nos prepara y con la agencia del Espíritu Santo nos convence de nuestro pecado y de nuestra necesidad de responder al llamado amoroso de Dios. Después de la gracia justificadora o salvadora viene la gracia santificadora por la cual maduramos y servimos devotamente a Dios como discípulos de Cristo.

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