Gracia Preveniente, Gracia Salvadora y Gracia Santificadora
Hay una oportunidad real para que la congregación experimente una obra de gracia más profunda. Muchas de las personas que asisten a nuestras iglesias han experimentado angustia, desilusión, quebrantamiento y sufrimiento a niveles que no desaparecen fácilmente, queda rezagado, perdura, está ahí.
Sin embargo, la gracia nos encuentra allí, en medio de los lugares no resueltos de nuestras vidas. Nuestro objetivo es el de afirmar a quienes necesitan adoptar una perspectiva sobre la gracia que tome en cuenta nuestra fragilidad como tinajas de barro y los aguijones que permanecen en nosotros a fin de mostrar la fortaleza de Dios en nuestra debilidad. Somos una iglesia que nos interesa profundamente las personas y por consiguiente tomamos tiempo para que la gente pueda responder a Dios después del mensaje. A veces simplemente es mejor permanecer en la presencia del Señor y dejarnos consolar por la gracia; ser fortalecidos en nuestra debilidad y dotados de resiliencia para seguir adelante en la dificultad.
Recordemos que el viaje que hemos recorrido a lo largo de nuestra jornada hasta ahora ha sido enfocado sobre la gracia de Dios otorgada gratis y ha sido eficiente. En nuestra jornada encontramos travesías, con momentos para escoger por qué dirección ir. Ese es una de las situaciones que tenemos para acercarnos a la invitación que nos ha hecho Jesús, a caminar con él, crecer, ser transformados y ser comisionados para servirle en este mundo.
Hemos aprendido a ver la gracia de Dios operando en diferentes maneras, como aquella gracia que va delante siempre y al mismo tiempo nos prepara y abre camino. Hemos aprendido de la gracia salvadora de Dios que nos cambia de una manera integral. Luego, aprendimos de la gracia santificadora de Dios que no da poder para vivir fielmente, incluso cuando nuestros mejores esfuerzos y buenas intenciones parecieran ser insuficientes.
Además, aprendimos a utilizar la gracia de Dios, entendiendo algunas imágenes que describen la función de la gracia. Por ello, aprendimos de la gracia sustentadora, la gracia que nos permite seguir avanzando en el camino al que hemos sido llamados para que nuestra vida de fe no sea una carrera de llegar primero, sino de persistencia, paciencia y perseverancia.
Nuestros momentos indispensables han sido de celebración por lo que hemos aprendido como también por la oportunidad de emplear la gracia de Dios sabiamente. La gracia nos da mucho que celebrar. Pues ella es el regalo del favor de Dios hacia nosotros y que lo cambia todo.
El Apóstol Pablo afirma en la carta los Filipenses que brillamos como estrellas y en la carta a los Romanos que somos más que vencedores. En sus trece cartas nos ensena cómo la gracia es superior al pecado y nos ayuda a ser victoriosos sobre el pecado en todos los aspectos de la vida y que el pecado ya no gobierna sino el amor de Dios que sido derramado en nuestros corazones, por lo cual somos transformados en la nueva creación. El punto final es que la gracia hace todas las cosas nuevas.

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