EL CRECIMIENTO EN LA GRACIA
“El crecimiento en la Gracia lleva al Cristiano a la madurez espiritual”
Dr. Daniel Deida – Junio 23, 2024
Introducción
Cuando hablamos del crecimiento en la gracia no estamos refiriéndonos a crecer en el futuro o a algo que no esta alcanzable en esta vida. Simplemente nos referimos al desarrollo, al crecimiento natural y espiritual de una persona en esta vida. Mientras más utilicemos y apliquemos la gracia de Dios a nuestras vidas, mejor conexión y comunión con Dios tendremos. Pues Dios nos ha dado su gracia inmerecida para que por medio de ella podamos crecer y agradar a Dios. La gracia de Dios nos sustenta para no pecar contra Dios o caer y alejarnos de Dios.
Nuestro objetivo es que crezcamos espiritualmente, no nos quedemos igual. Que podamos ver el cambio obrado por medio del Espíritu Santo en nuestras vidas y que apliquemos cada día la gracia de Dios para agradar a Dios.
Juan Wesley nuestro Teólogo por excelencia de todos los Wesleyanos, Metodistas, y Nazarenos dijo: “Toda persona esta bajo la gracia de Dios”. En otras palabras, no hay ninguna persona, ni ha habido alguna persona desde su nacimiento que este exento de la gracia de Dios. La gracia de Dios no es para un grupo privilegiado de Dios, sino para todos. Ha sido dada para el bien de la humanidad, porque es por medio de ella que somos salvos. Pues la Biblia dice, “Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe y esto no es de nosotros pues es don de Dios (Efesios 2:8). Pues Dios no quiere que nadie se pierda, sino que procedan al arrepentimiento y sean salvos (Mateo 20:28; 2 Pedro 3:9; Juan 3:17).
Establecidos en la gracia de Dios
El Apóstol Pedro tuvo sus subidas y bajadas y nos dejó un ejemplo de cómo el encontró auxilio y sostenimiento.
- Cuando se ahogaba el Señor extendió su mano y lo sacó del agua previniendo que se ahogar.
- Cuando se opuso al Señor de que no fuera a la cruz, el Señor lo reprendió, sin embargo, él no fue condenado a muerte.
- Cuando el negó, se alejó y blasfemo el nombre de su Maestro, él no fue excomulgado o descartado como uno de los discípulos de Jesus.
- Pedro había aprendido que crecer espiritualmente no se trataba de ser solamente un seguidor sino uno que estaba aprendiendo y aplicando las enseñanzas de su Maestro. Notemos ahora sus enseñanzas como un discípulo, enviado, y un pastor del Señor:
“Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo y Salvador Jesucristo. A El, sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amen” (2 Pedro 3:18)
Dependiendo de la Palabra de Dios como un medio de gracia
El crecimiento en la Gracia incluye la lectura, oír y meditar en la Palabra. “La Palabra de Cristo more en abundancia en ustedes, ensenándoles y exhortándoles en toda sabiduría, cantando con gracia en sus corazones al Señor, con salmos, himnos y canticos espirituales” (Colosenses 3:16)
“Desead como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcan para Salvación” (1 Pedro. 2:2-3)
Pues ella nos instruye, corrige en justicia con tal de que el hombre sea completamente preparado para toda Buena obra, en otras palabras, la Palabra nos lleva a la madurez. Pues las Escrituras dicen: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para ensenar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17).
Escucha la palabra
“Así que la fe es por el oír y el oír por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17). El que no oye la Palabra no quiere oírla, la oye, pero no le pone atención o tal vez han endurecido el corazón para no comprometerse. La Palabra dice, “Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto se han hecho tardos para oír” (Hebreos 5:11)
Escudriña la Palabra
“Escudriñar las Escrituras porque ha vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas dan testimonio de mi” (Juan 5:39)
Medita en la Palabra
“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditaras en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en el está escrito.” (Josué 1:8)
Habla la verdad
“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17).
“Porque mi boca hablara verdad, y la impiedad abominan mis labios” (Proverbios 8:7)
Guarda la Palabra
“En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Sal. 119:11).
“Con que limpiara el joven su camino, con guardar la Palabra” (Salmos 119:9)
En la Palabra conocemos todo lo concerniente a nuestra salvación
Guardando y practicando lo que dice la Palabra nos ayuda a no pecar contra Dios.
El escritor de Hebreos nos amonesta a que nos despojemos de todo peso y del pecado que está a nuestra puerta y alrededor y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”
Sigamos nuestra Carrera Cristiana hacia Adelante, sin pecado, puestos nuestros ojos en Jesus, el autor y consumador de la fe ((Hebreos 12:1-2).
El Espíritu Santo nos ha sido dado como un don de gracia
El Espíritu Santo el cual fue prometido viene para llenar nuestros corazones y para hacer morada permanente en nuestras vidas. El no viene y se va. El viene a quedarse para ayudarnos en nuestro crecimiento espiritual y en nuestras debilidades. La Palabra dice, “Les he dicho estas cosas estando con ustedes, más el Consolador, el Espíritu Santo (Espíritu de Verdad) a quien el Padre enviara en mi nombre, Él les enseñará todas las cosas y les recordara todo lo que les he dicho a ustedes” (Juan 14:25-26)
Recordemos que siendo santificados y justificados completamente no quita el hecho de que cometamos errores. Pues cometer errores significa que somo humanos, y que es necesario crecer para mejorar en nuestra relación con Dios y con los demás. Además, nuestro carácter necesita que el Señor lo siga puliendo de día en día. Hay muchos que no crecen como debieran crecer normalmente y en cuanto a este asunto el escritor a los Hebreos dice: “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tienen necesidad de que se les vuelva a ensenar cuales son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y han llegado a ser tales que tienen necesidad de leche y no de alimento sólido” (Hebreos 5:12). El crecimiento espiritual es necesario si queremos agradar a Dios todos los días de nuestras vidas.
El libro de Hechos nos recuerda que cuando el Espíritu Santo vino a los primeros cristianos sus corazones fueron purificados (Hechos 15:9). Además, ellos contaban con la guianza, llenura y el poder del Espíritu Santo (Hechos 1:8). Tenían la fortaleza y la ayuda del Espíritu Santo para testificar y hablar la Palabra de Dios sin ninguna dificultad.
Viviendo bajo la gracia de Dios
Pablo testifica y ensena de que la persona puede vivir una vida sin pecado, hecha conforme al propósito de Dios. Maduros para servir y agradar a Dios todos los días de nuestras vidas. Pues él le recuerda a la iglesia de Galacia, que el sufre grandes dolores, hasta que Cristo sea formado en ellos (Gálatas 4:19). El procuraba ver que estos hermanos no solamente creyeran en Cristo como el Libertador y que vivimos por fe, sino que ellos fueran transformados de todo corazón.
Pablo mismo testifica de la experiencia profunda que había tenido con Cristo cuando dice: “Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí, y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amo y se entregó a si mismo por mi” (Gálatas 2:20).
Un Cristiano que no ha crecido en la Gracia no puede agradar a Dios en todas las áreas de su vida, pues Dios demanda un discipulado sacrificial en amor, una entrega total. El Apóstol Pablo dice, “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que esta delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil. 3:12-14).
Conclusión
Debemos crecer en la gracia de Dios todos los días de nuestras vidas. Siempre hay lugar para aprender, someternos y desear agradar a Dios en todas las cosas que hacemos. Recordemos que la gracia no solamente nos ayuda a nuestro crecimiento sino que ella también nos sostiene y sustenta para no pecar contra Dios.

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